¿Por qué nos salen canas?

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Llega el momento en la vida de todo hijo de vecino, en el que ponerse frente al espejo desvela verdades que nuestras jóvenes mentes intentan negar. Un día descubres que al sonreír cucas demasiado los ojos. Otro día, cuando te pruebas el traje de baño que compraste hace dos veranos, ves horrorizado/a un antiestético michelín que asoma a la altura de tu ombligo. Y en ese momento de pánico, con michelín y patas de gallo, subes un poco la vista dirigiéndola hacia tu cabeza y… ¡zas! Una, dos, tres, ¿pero cuántas canas hay aquí?, ¿quiénes sois, quién os ha invitado y qué habéis hecho con mi precioso pelo negro?

Claro está que no todo el mundo se toma igual de mal el tema de las canas. La sociedad en la que nos toca vivir hace que, por ejemplo, exista una tremenda diferencia entre hombre con canas y mujer canosa. Pensémoslo. Hombres: Richard Gere, George Clooney… Guapos, con experiencia, atractivos. El gris les sienta sin duda muy bien. Pero pensemos en nosotras. Mujer, cuarenta y tantos y con canas. El mensaje es injustamente diferente pues de manera rápida pensamos que esa mujer no se cuida, que aparenta más edad de la que tiene y que es menos atractiva que la morenaza que va a su lado.

canas hereditarias

Vale, todos pensamos que las canas aparecen cuando somos más maduritos pero, ¿es del todo cierto? Sí y no, porque como en todo, en esto de las canas hay mucha historia inventada. Resulta que aquí la genética influye. Cada uno de nosotros envejece según el código genético almacenado en nuestro ADN, por eso podemos tener canas a los 25, o no tener apenas a los 40. La cana no es más que un cabello que ha perdido su color natural porque la célula encargada de producir melanina ha dejado de funcionar. Y este proceso, amigos, puede estar asociado a la vejez (senescencia), pero también a la mala alimentación y al estrés. El exceso de actividad, los estados anímicos depresivos y los nervios que se derivan aceleran el envejecimiento.

[pull_quote align=’left’] Existen tantos métodos como obsesos del arranque de canas [/pull_quote]Y ya que nos ponemos con las creencias sobre las canas, no podemos dejar de hablar de las personas que se las arrancan. Hay quien lo hace directamente con los dedos, otros localizan la cana y con cuidado y unas pinzas de depilar la eliminan de su vista. Lo que sí es cierto es que todos, todos sienten un pánico atroz en el momento de hacerlo porque, se dice se especula se comenta, que si te arrancas una cana te salen tropecientas. Pero esto es falso. Se trata simplemente de un efecto óptico. Resulta que las canas aparecen agrupadas, por lo que, si te arrancas una, en pocos días otro pelo que ya estaba en proceso de ser cana te quitará de nuevo el sueño.

Otro gran mito relacionado con las canas es la creencia de que los cabellos de plata no se caen. Nuestro pésame a los hombres que piensan que por tener el pelo canoso no serán calvos. Lo cierto es que la cana sigue el mismo proceso que un cabello normal. A pesar de presentar una nueva textura, más gruesa y fuerte, las canas crecen y se caen igual que el resto de pelos.

Y con esta verdad tan incómoda, nos despedimos por hoy dejándote pensar un rato y recordándote un refrán que nos acabamos de inventar, pero que viene a pelo, y es aquello de que más vale cana en mano que 100 pelos volando

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